Cañada Rosal celebra Halloween con melones en lugar de calabazas

Mientras medio mundo se vuelve loco buscando calabazas para celebrar Halloween, en un pueblo de Sevilla han decidido hacerlo a su manera. Se trata de Cañada Rosal, donde los protagonistas de la noche más terrorífica del año no son las típicas calabazas americanas, sino algo mucho más nuestro: melones.

Y ojo, porque no estamos hablando de una moda pasajera ni de una ocurrencia para hacerse virales en redes sociales. Esta curiosa tradición tiene su origen en el siglo XVIII, cuando llegaron a esta localidad sevillana colonos centroeuropeos durante el reinado de Carlos III.

Por aquel entonces, los vecinos aprovechaban los últimos melones de la cosecha, especialmente los más pequeños, que ya no servían para vender. Los vaciaban, les hacían dibujos y colocaban una vela en su interior para convertirlos en originales farolillos. Después, los niños recorrían las calles del pueblo con ellos iluminando la noche.

La costumbre se mantuvo viva hasta los años sesenta, pero con el paso del tiempo fue desapareciendo. Ahora, la Asociación Cultural Las Crujientes lleva varios años trabajando para recuperarla y conseguir que las nuevas generaciones conozcan esta tradición tan especial. Para ello organizan talleres en los que los mayores enseñan a los más pequeños a preparar y decorar sus propios farolillos de melón.

Una bonita manera de mantener viva la historia del pueblo y de transmitir sus costumbres de generación en generación. Así que ya lo sabéis: en Cañada Rosal no necesitan importar calabazas americanas para celebrar Halloween. Allí tienen sus propios farolillos, mucha tradición y una forma de celebrar esta noche que, desde luego, ¡es de lo más original y refrescante!