Septiembre está siempre vinculado al comienzo, vueltas a la rutina y aparecen los nuevos propósitos. Esta sensación en la que la vuelta implica que hay cosas que tenemos que cambiar se conoce como “efecto de nuevo comienzo”.
Pero estos cambios tenemos que saber si queremos que formen parte de nuestro día a día o de la necesidad de compensar aquello que hicimos durante el verano.
¿Qué ocurre? Durante las vacaciones nuestros planes cambian, cambian los horarios, la organización de los dias y eso hace que muchos pensemos que el septiembre tengamos la sensación de que hay que cambiar esos hábitos que percibimos como fallos por el “me he pasado este verano”
Con todo esto una investigación ha demostrado que tendemos a tener mejores resultados cuando hacemos cambios que sentimos como propios que cuando los hacemos desde la presión.
Por ejemplo si un dia no podemos ir al gimnasio no pasa nada porque podemos reorganizarnos sin embargo si esa falta la consideramos un fallo es cuando puede venir la frustración.
Los expertos dicen que analicemos que nuestra vida no funciona siempre en las mismas condiciones. Hay semanas con más trabajo, días en los que dormimos peor y claro muchas veces construimos objetivos pensando en condiciones ideales. Por eso una parte importante es la flexibilidad y no entender que estos cambios son para paliar los fallos del verano.


