Nos vamos a un supermercado italiano donde un hombre de 70 años decidió jugar al gato y al ratón durante semanas con el fin de alimentarse sin gastar ni un euro hasta que acabó siendo descubierto por los empleados.
La historia es surrealista porque en este supermercado los empleados se dan cuentan de que todos los días las cuñas de los quesos aparecían diariamente mordidas en su punta, pero depositadas de nuevo en su lugar como si nada hubiera ocurrido.
Esto estaba suponiendo grandes pérdidas ya que los productos dañados, no aptos para la venta, obviamente, se desechaban sistemáticamente. La pérdida se estimó entre diez y quince euros por artículo dañado y no fueron pocos. Las marcas de las mordeduras eran muy claras, pero durante semanas los empleados no lograron identificar al culpable.
Como la mayoría de estos delicuentes vuelven a lugar de los hechos este hombre fue a su particular aperitivo pero un día se llevó una amarga sorpresa durante su cata. La gerencia implementó un sofisticado sistema de vigilancia con empleados vestidos de civil para identificar al responsable de este hábito compulsivo de comer queso y fue pillado con las manos en la masa.
Cuando le pillaron sacó la cartera y pagó la cuenta por primera vez. Una friolera de 15 euros en queso, un montante ridículo en comparación a lo que había estado comiendo sobre meses. El supermercado no pudo atribuir al hombre los gastos de las catas previas durante meses, pero al menos se aseguró de que no volviera por el lugar y así poder frenar unas pérdidas que llegaron a ser sangrantes en el pasillo de los lácteos.


